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El primer acto de discernimiento, el mayor y el más decisivo que llevan a cabo un estadista y un jefe militar, es el de establecer correctamente la clase de guerra en la que están empeñados y no tomarla o convertirla en algo diferente de lo que dicte la naturaleza de las circunstancias. Este es, por lo tanto, el primero y el más amplio de todos los problemas estratégicos.

Carl Von Clausewitz, 1830

 

Los alcances, definiciones y enfoques operacionales que implican las denominadas “operaciones atípicas” han cobrado singular importancia en nuestro Ejército en fechas recientes. Ello ha motivado la formulación de algunos manuales y estudios de Estado Mayor con el objetivo de actualizar nuestra doctrina a esta nueva tipificación de un conflicto. Es así que, con el propósito de contribuir con un complementario punto de vista, se propone un nuevo enfoque y un nuevo concepto que va a permitir comprender, organizar y planificar las diferentes operaciones militares para enfrentar este tipo de guerra.

El punto de partida para este ensayo es recordar que el concepto de enfoque operacional implica determinar la forma en que un comandante enfrenta a un centro de gravedad. Existen dos enfoques operacionales: directo e indirecto. El enfoque directo consiste en atacar el centro de gravedad o el principal punto fuerte del enemigo aplicando potencia de combate directamente contra él. El enfoque indirecto consiste en atacar el centro de gravedad enemigo aplicando potencia de combate contra una serie de puntos decisivos, a la vez que se evita la potencia de combate del enemigo (WHINSEC, FM 3-0, 2008, p.11)

En este tipo de guerra se manifiesta la interacción de dos tipos de actores (entiéndase fuerzas armadas convencionales), tomando en cuenta fundamentalmente que la diferencia (o asimetría) en su Potencia Combativa Relativa (PCR) está por encima de los estándares aceptables de la guerra convencional occidental; los que denominaré el actor más fuerte y el actor menos fuerte. Esta notable diferencia de sus respectivas PCR debería obligar, al menos a uno de ellos, a determinar una nueva forma de establecer esta interacción dentro de un conflicto, dando pie, con ello, a la aparición del concepto de operaciones atípicas. Para ello, planteo algunos conceptos claves previos que considero útiles exponer, como que:

  1. Estas operaciones toman las formas de operaciones militares y no militares e implica una guerra en varios campos de la actividad humana y más allá del área de operaciones de un comandante operacional.
  2. Se basan en la combinación de acciones políticas y militares, con participación fundamental de la población civil. Para ello, es de suma importancia que el actor menos fuerte base su principal fortaleza en la unión de las Fuerzas Armadas con su población. Como dijo Mao Tse Tung; “si la totalidad de la población puede ser comprometida para resistir a una rendición, esta se puede convertir en una guerra de desgaste, la cual lleva inevitablemente a la victoria”.
  3. Privilegia la guerra táctica sin frentes determinados ni operaciones convencionales sobre una guerra basada en el empleo de Grandes Unidades de Combate, frentes de batalla rígidos, líneas de operaciones convencionales o áreas defensivas regulares.
  4. El menos fuerte debe desarrollar dos fortalezas fundamentales: el espíritu de sacrificio y la paciencia; materializadas en la capacidad nacional para resistir los costos humanos y materiales hasta derrotar al agresor.
  5. Innegablemente, el entender y aprestarse para este tipo de guerra es un reto complejo para una fuerza armada regular, organizada y entrenada bajo métodos convencionales.

Sin embargo, el actor más fuerte, a pesar de contar con una potencia combativa relativa superior, presenta algunas vulnerabilidades, entre estas:

  1. La dependencia de la tecnología para el funcionamiento de sus sistemas de armas.
  2. La resistencia de la opinión pública a aceptar bajas militares, o peor aún, civiles en el campo de batalla. Ello implica la dificultad de la asimilación del caos y destrucción propios de un conflicto en su propio territorio como un efecto colateral difícil de asimilar en la conciencia humanitaria liberal generada por el bienestar económico y social.
  3. Prolongación de la guerra: una guerra larga arrastra al más fuerte a que sus chances se reduzcan y a que abandone la guerra sin importar el estado de su situación militar en el terreno. Por tanto, es necesario forzar a que alargue su alcance operacional (sistema de armas y operaciones de sostenimiento) más allá de lo planeado.
  4. Necesidad de una preparación previa de la opinión pública para sostener una guerra larga a pesar de su ventaja tecnológica y material. Requiere, entonces, resistir la presión interna en el sentido que, si poder implica victoria, un poder abrumador implicaría una abrumadora y veloz victoria. Por lo tanto, si se prolongan las operaciones, la presión interna del más fuerte para acabar el conflicto será posiblemente una de las resultantes.
  5. Contar unas fuerzas regulares y especiales entrenadas para combatir en conflictos con procedimientos atípicos. De no haberse preparado, sus errores al manejar este tipo de conflictos se pueden expandir a una guerra contra el pueblo mismo (Arreguin-Toft, International Security, 2001).

Asimismo, el actor menos fuerte, a pesar de sus limitaciones, puede alcanzar las siguientes ventajas:

  1. El actor menos fuerte, al actuar bajo las reglas de la guerra occidental, tiene mínima opción de ganarla; pero si por el contrario emplea procedimientos atípicos, encuentra reales posibilidades de vencer aún a pesar de su asimetría. Para ello necesita desarrollar su resistencia apoyado en un santuario físico (montañas, selvas o terreno favorable) y/o un santuario político (áreas controladas por simpatizantes). Es fundamental que cuente con el apoyo de la población para que le provea sostenimiento, inteligencia y personal.

 

  1. Es necesario también que alimente la percepción en el más fuerte de que enfrentará su ofensiva con una defensa convencional y transicionar, una vez alcanzado el punto de decisión, a una defensa indirecta (atípica).

Gráfico 1: Variables presentes en las operaciones atípicas.

Autor: Crl. EP Ricardo Benavides Febres

En base a ello, se propone que el concepto de operaciones atípicas impliquen a aquellas operaciones militares y no militares ejecutadas en un conflicto en el que uno de los oponentes (dado que existe una notable diferencia o asimetría en sus capacidades militares) se encuentre en un desbalance de su potencia combativa relativa de tal magnitud, que le impide al actor menos fuerte realizar operaciones enmarcadas bajo métodos convencionales. Este actor (el menos fuerte), en su afán de victoria, busca minimizar las ventajas y explotar las vulnerabilidades del más fuerte relativizando las variables de tiempo y espacio (sustentado en una férrea determinación de las tres aristas de la tríada de Clausewitz; gobierno, pueblo y fuerzas armadas), antes que buscar enfrentamientos directos a corto plazo.

Gráfico 2: Enfoques operacionales en las operaciones atípicas.

Autor: Crl. EP Ricardo Benavides Febres

En base a la interacción de estas variables (ver gráfico 1), se han podido determinar dos enfoques operacionales para enfrentar una guerra dominada por las operaciones atípicas, teniendo en cuenta que el Centro de Gravedad (CoG) del actor más fuerte o país “B” es su capacidad militar y que el actor menos fuerte, o país “A” tiene dos opciones para afectar este CoG; el Enfoque Operacional Directo o el Indirecto (ver gráfico 2):

Bajo un Enfoque Operacional Directo (EOD), es decir, sobre la capacidad militar del enemigo:

  1. Consiste en atacar el Centro de Gravedad (CoG) enemigo aplicando potencia de combate directamente contra el mismo CoG. Para ello debe contar con una contundente capacidad militar.
  2. Se gana la guerra mediante la estrategia de “ataque directo”.
  3. Si el actor más fuerte tiene la capacidad y los recursos para aplicar el “ataque directo”, ello debería obligar a los actores menos fuertes a emplear sus recursos militares en un enfoque operacional opuesto.

Bajo un Enfoque  Operacional  Indirecto (EOI), es decir, sobre la voluntad de lucha del enemigo:

  1. Atacar el CoG enemigo (como efecto de 2º orden) aplicando potencia de combate primero contra los puntos decisivos del oponente (como efecto de 1er. orden) a la vez que se evita enfrentar convencionalmente su potencia de combate.
  2. Puede emplear estrategias de “defensa directa” (convencional) o la “defensa indirecta” (atípica). Debe tener en cuenta que empleando similares estrategias se comparten similares valores, objetivos y condiciones de victoria.
  3. Los actores fuertes han perdido muchos conflictos cuando su oponente adopta una estrategia opuesta. Citando nuevamente al líder chino Mao Tse Tung; “si la voluntad política del más fuerte es destruida, entonces su capacidad militar, sin importar qué tan poderosa sea, es irrelevante”.

Teniendo en consideración que el EOD produce la estrategia de ataque directo y que del EOI resultan a su vez, dos estrategias: la de defensa directa y defensa indirecta, pasamos a analizar cómo interactuarían estas estrategias en una guerra atípica:

  1. Primera interacción; “Ataque Directo vs Defensa directa”

       Empleo convencional de recursos militares del menos fuerte para impedir que la ofensiva del más fuerte capture o destruya valores como su territorio, población o recursos estratégicos. Para ello, la estrategia del actor más fuerte se dirige a destruir la capacidad militar del menos fuerte para combatir, destruyendo sus fuerzas militares o capturando valores estratégicos. Esta interacción implica casi necesariamente la derrota del menos fuerte porque no hay nada que reduzca las considerables ventajas del poder de combate del actor más fuerte, ya que ambos “hablan el mismo lenguaje”. El resultado se resolverá de una manera rápida y casi absolutamente favorable para el actor poderoso, ya que ambos actores asumen similares valores.

  1. Segunda interacción: “Ataque Directo vs Defensa indirecta

       Bajo esta premisa, la defensa es conducida por fuerzas no regulares o difíciles de distinguir con los no combatientes. Sacrifica valores a cambio de un tiempo lo suficientemente largo hasta que el menos fuerte consiga acceso al santuario físico o al apoyo social. La prolongación favorece a los menos fuertes. Si los costos previstos por el más fuerte llegan a su límite sin lograr su objetivo y se amplifican sus contradicciones, la resistencia del menos fuerte se puede transformar en victoria. Su objetivo final no es la capacidad militar enemiga sino quebrantar la voluntad de lucha del poderoso, rompiendo la armonía (o amplificando las contradicciones) en la “tríada” de Clausewitz (gobierno, Fuerza Armada y población).

Para los actores menos fuertes, la defensa exitosa depende de la defensa indirecta. Dado que esto recae en el apoyo social, los actores menos fuertes deben trabajar incansablemente para ganar y mantener la simpatía de la población. Obviamente, implica ganar obligatoriamente la guerra de la información.

Asimismo, estos enfoques operacionales se distribuyen en el tiempo en tres grandes fases generales:

 Fase 1: Preoperacional, la que implica configurar el ambiente de las operaciones favorablemente al menos fuerte (amoblamiento del terreno, reorganización de las fuerzas y de la población, planes de movilización nacionales y locales, etc.).

Fase 2: Desgaste, desde el día de inicio de las operaciones (Día D) hasta que se alcance el punto culminante (cuando implique que el enemigo haya pasado de una actitud estratégica ofensiva a una defensiva).

Fase 3: Equilibrio, desde el cambio de actitud estratégica hasta el restablecimiento de la línea de frontera convencional.

Finalmente, es necesario resaltar la importancia estratégica que tiene, como he citado a Clausewitz en las primeras líneas de este ensayo, el definir y entender claramente qué tipo de guerra vamos a enfrentar, y en base a ello diseñar en consecuencia, directivas estratégicas, planes de campaña y planes de operaciones. Comprender y actuar en congruencia con la esencia natural de los escenarios estratégicos que se enfrentan es el primer paso para imponer nuestra voluntad al enemigo, aún a pesar de una diferencia de capacidades y de recursos militares.

Autor: Crl EP Ricardo Benavides Febres

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Instituto para la Cooperación y Seguridad Hemisférica, FM 3-0 Operaciones, 2008.

Arreguin-Toft Ivan, How The Weak Win Wars?. Revista International Security, 2001.

 

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